woman | El lujo de ser mujer

Entrevista a Arturo Valls

Ester Aguado

Es de los chicos que nunca presentarías a tus amigas... ¡porque se lo querrían ligar! y que esconderías a tus colegas... ¡porque te lo robarían para irse de cañas! Cariñoso, divertido y pelín canalla, este valenciano tiene aspiraciones muy humanas: a sus 33 años sueña con trabajar menos y ganar más.
El mejor amigo del hombre es...
Dicen que el perro, pero ellos no beben cerveza, ¿no?
¿Qué olor te seduce más?
La canela, pero en el arroz con leche. Eso me pone a cien.
¿De qué parte de tu cuerpo te sientes orgulloso?
De las ingles. Las tengo preciosas.
¿Qué llevarías a una primera cita?
Unas zapatillas de deporte, sobre todo si es a ciegas.
¿Y qué te gustaría que llevara ella?
Un ‘tupper’ con arroz con leche. Lo primero tras hacer el amor es... Bajarme de la nube...
¿Qué banda sonora pondrías?
Cualquiera de Nino Rota.
¿Hasta dónde llegarías por amor?
Depende de si soy correspondido... si no, tampoco hay que forzar.
En cartelera con ‘8 Citas’ y a punto de estrenar ‘Casual Day’: dos comedias, ¿para cuándo un papel más dramático?
¿Es necesario?
Cambiarías tu experiencia en la serie ‘Camera Café’ por...
Algo imposible, como que resucitara Ernst Ludwig y quisiera rodar una comedia conmigo.
¿Qué te sientes más, periodista, presentador o actor?
Yo me siento... en el sofá siempre que puedo (risas). En serio, desde pequeño quería ser ‘entretenedor’ y soy muy afortunado porque me están dejando probar.
¿Y hay algo a lo que no te atreverías?
La natación sincronizada. Con lo alto que está el listón ahora... No me veo.

“Desde mis tacones” por Marta Rivera de la Cruz

Cuando el actor Robin Williams protagonizó el filme ‘Mrs Doubtfire’, en el que aparecía vestido de mujer, comentó lo duro que había sido pasar tres meses encaramado a unos zapatos de tacón: «Son instrumentos de tortura –dijo– pero hacen que las piernas parezcan maravillosas.» Ningún hombre ha descrito los tacones con mayor lucidez. Casi todos confiesan la fascinación que en ellos ejerce el calzado femenino, pero no entienden cómo podemos caminar subidas en algo que nos eleva por encima de la estatura otorgada por la naturaleza. Cuando, hace unas semanas, llegué a casa entusiasmada con un precioso par de ‘peep-toes’ con cuña de diez centímetros que acababa de comprarme, mi chico frunció el ceño y me dijo: «Muy bonitos, pero… ¿Eres capaz de andar con ellos?»
Últimamente, traumatólogos y especialistas en podología escriben soflamas en contra de los tacones altos que, por lo visto, son algo así como una maldición bíblica. Pero, pese a las amenazas apocalípticas a las que no somos ajenas, adoramos los zapatos que nos regalan centímetros… y, a veces, una inyección de optimismo. Sí, señor Williams, nuestras piernas ganan en poder de seducción cuando el talón se eleva y la punta del pie se tensa levemente. Hace unas semanas visité el Museo del Calzado de Elda, y descubrí modelos con más de un siglo de historia que sería capaz de ponerme hoy. Resulta que hace cien, doscientos años, hubo mujeres que calzaron diseños parecidos a los que hacen suspirar a las ‘fashion victims’ del siglo XXI. Las maxiplataformas no las inventó Alessandro Dell’Acqua, hubo botines de cuña antes de Louboutin, y el tacón-escultura que proponen los creadores para esta temporada hizo furor cuando María Antonieta todavía tenía cabeza. El otro día me di de bruces con unos zapatos de Miu Miu cuyo tacón en forma de llama hubiese enloquecido a las divas del Hollywood de los años dorados, y la mismísima Madame Du Barry hubiese querido calzar unas sandalias de Loewe en piel… ¡con tacón de PVC! Pero lo mejor de todo es que en este tercer milenio los tacones se han convertido en un derecho, en una simple opción.
Hubo momentos en la Historia en que los tacones eran un tributo ineludible para todas las mujeres que pretendían conservar el amargo don de la belleza. Todo eso está superado. La moda que viene nos trae zapatos imposibles junto a inocentes bailarinas como las que usaba Audrey Hepburn, y las botas militares completamente planas compiten en nuestro armario con ‘stilettos’ y maxicuñas. Las sandalias de esta temporada pueden ser tan simples como las que usaban las mujeres de Esparta, o sofisticadas, seductoras y no aptas para las carreras. Las zapatillas Converse de toda la vida marcan tendencia y se ofrecen en colores desmadrados, del magenta al amarillo limón. Junto a ellas, podemos encontrar el último modelo de botín propuesto por Gucci, en charol rosa y con la punta abierta, o las eternas agujas con las que Jimmy Choo remata sus joyas para los pies. Los tacones son una posibilidad. Una oferta. Una tentación de consecuencias impredecibles. Un reto, un desafío. Un placer. Un guiño. Pero, sobre todo, algo que la moda sirve en bandeja al buen criterio de cada una. Y eso es lo más importante: que la última palabra sobre los tacones la tenemos solo nosotras.

Entrevista a Cristina Marsillach

El mejor consejo que le dio su padre fue: “Dedícate al arte”. Y así lo ha hecho desde que tenía tan sólo 13 años. Hija del recordado actor y director Adolfo Marsillach, Cristina disfruta con su trabajo y desde hace unos años se ha lanzado al plano empresarial. Ahora organiza un Festival de Cine Documental con el que pretende abrir conciencias y fomentar la información objetiva.

Diana Oliver

En pleno corazón de Madrid encontramos la pequeña Sala Marsillach. En ella, la polifacética Cristina Marsillach, ha iniciado un festival de cine documental en el que participan varias propuestas y en el que el jurado estará compuesto íntegramente por mujeres… El acto de clausura, que incluye la exhibición del documental ganador, será en el Ateneo el día 8 de mayo.
¿Cómo surge la idea de crear una sala de teatro independiente en Madrid?
Creo que el teatro es un medio de expresión importantísimo para la comunicación libre. La Sala Marsillach es una sala alternativa privada en la que la idea principal es organizar nosotros mismos.Queremos contar con pequeños grupos teatrales que tengan algo interesante para abrir conciencias, preguntarse cosas, dar información de lo que está ocurriendo fuera y dentro de España. Poder decir cosas libremente sin tener que estar sujetos a lo correctamente político
¿Qué tipo de público buscáis en la Sala Marsillach?
Un público culto, interesante e interesado por un medio de comunicación más amplio. Por eso, la sala es pequeña y el público pagará una cantidad elevada. La gente que acude sabe que los espectáculos van a ser de buena calidad y que será una grata experiencia.
Ya has probado la actuación, la dirección... ¿prefieres estar en el escenario o en el plano empresarial?
No es una elección, es una imposición por las condiciones y por cómo está planteado el funcionamiento de España, en concreto de Madrid. Si quieres hacer algo libre sin ataduras tienes que organizarte y en esa organización coexisten todos estos cargos impuestos gozosamente. Lo que me incita es la posibilidad de conocer a nuevos realizadores, nuevos directores de teatro, nuevos actores… La primera que sale ventajosa de todo este conglomerado de actividades soy yo porque produzco, dirijo y en un futuro actuaré… y además, doy clases. El local abre como sala desde hace poco tiempo ya que cinco años atrás sólo impartíamos clases. Es un local pequeño pero bien organizado y distribuido… no es para hacerse rico pero es para vivir haciendo lo que quiero, viviendo como a mi me gusta vivir: haciendo lo que me gusta. Y además, queremos abrir camino a gente que tengan más dificultades, que sepan que pueden mostrar sus trabajos y que aquí se ve el trabajo con cariño y bajo unas reglas impuestas por un jurado importante, no por ser conocidos sino por ser buenos en el mundo del teatro, la poesía, la pintura, el marketing…
Ahora te has sumergido en un ciclo de cine documental, ¿por qué un festival de cine documental?; ¿pretendes que sea el buque insignia de la sala y que represente los valores de la sala?
Me he inclinado por el documental porque me interesa la información. Estamos inmersos en un mundo en el que la información verdadera al final se acaba convirtiendo en opinión y para que esa información sea pura y cristalina tiene que haber detrás un trabajo de documentación muy grande y una valentía muy importante. La información contra la opinión. La opinión está dada al poder, a la crítica, pero la información es clara. Todo depende de cómo lo adornes. La información no se puede manipular, la opinión sí.
¿Qué temas abordan los documentales?
Política, Tercer Mundo, problemas sociales… hemos recibido unos 40 documentales. Es complicado mostrar la realidad sin opinión por lo que hay un jurado de 7 mujeres que se dedica a ver documentales, hay una selección en función del trabajo y la valentía del autor.
¿Por qué un jurado sólo de mujeres?, ¿tiene algo de premeditado o ha sido coincidencia?
El jurado lo forman 7 mujeres, pero además una de ellas está embarazada, parece la formación del Gobierno (Risas). Realmente no ha sido premeditado, he querido rodearme de gente que comparta conmigo una forma de trabajar y unas pautas muy concretas. Tengo más mujeres interesantes a mi alrededor que hombres...
¿Tienes algún proyecto próximo tras el festival?
Después del festival tengo en proyecto la dirección basado en una obra de mi padre. Es una adaptación muy libre de la obra de mi padre que escribió en los años 80: Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?. Como directora y adaptadora.
¿Cómo ves la situación actual del teatro?
Creo que la salud del teatro es muy buena. Sobre todo las salas independientes. Es posible que en un futuro haya cada vez más salas alternativas y que los grandes teatros se conviertan en centros de ocio. Existe un buen teatro en Madrid y sobre todo hay gente joven que apuesta por proyectos muy arriesgados y rompedores.
¿Se debería fomentar más que la gente acuda al teatro?
Creo que se fomenta lo suficiente. El ir al teatro es algo más… Hay un día a la semana más económico, está también el teatro para mayores… Ir al cine se ha convertido en un gasto económico elevado y siempre puedes ver la película en casa. El teatro es irrepetible. Si una película deja de estar en cartelera sabes que la puedes ver después. En cambio, el teatro, aunque lo grabases, no sería lo mismo. Nunca es lo mismo.
Las clases, la Sala, el Festival de Cine Documental... ¿de dónde sacas tiempo?
Tengo muy poco tiempo libre, pero el que tengo me encanta dedicarlo a ir al campo, me gusta mucho la naturaleza y así desconecto.
¿Cuál es el mejor consejo que te dio tu padre, el gran Adolfo Marsillach?
“Dedícate al arte”.

Cinco reflexiones con Risto Mejide

1. ¿Por qué sigue vendiendo lo sexy?
Porque excita. Porque despierta. Y porque lo hace en el mínimo tiempo posible. Una voz, una mirada, un gesto, y allá vamos, con todos nuestros sentidos rehenes de una atracción primaria, biológica, irracional. En un entorno sobresaturado de mensajes y cada vez más caros de publicitar, lo sexy es el atajo más rápido y más rentable hacia la seducción; la seducción, droga dura para nuestra imaginación; y la imaginación, la antesala necesaria de cualquier compra.

2. Todo por la fama.
Todo por nada. Porque la fama no es nada. Bueno, sí, que la gente que no te conoce de nada se piense que te conoce y los que sí te conocen de verdad, te conozcan un poco menos. El resto es confundir los medios con los fines. Ser famoso haciendo qué. Porque parece que últimamente se han invertido las tornas. Antes (no mucho antes) se perseguía el prestigio que, con mucha suerte y aún más trabajo, acababa desembocando en fama. Hoy por hoy, lamentabrleemqnuetneate n,d odsmo scu arcchroeorr ramisd.áass

3. ¿Cómo me seducen las mujeres?
Creo que como a todos. Con la dosis justa de indiferencia. Luego, si me enamoro, es porque la admiro por su calidad humana, hasta el punto casi de sentirme mala persona a su lado. Por último, cuando llego a quererla, eso es que me ha hecho ser incoherente de algún modo. Por lo visto, la acepción latina del verbo seducir, ‘seducere’, puede traducirse también como ‘descarrilar’. Al final, te sueles quedar con la persona que más te haga descarrilar de tu propia vida.

4. Algunas cosas que me hacen reír.
Los políticos. El sobrino de Buenafuente. Aaron Sorkin. La gente que se toma demasiado en serio. Las promesas previas a un orgasmo. El Chandler del principio y el Joey del final (‘Friends’). La espontaneidad. Un bebé que sale partiéndose la caja en Youtube. Un anuncio de hace un tiempo en el que un bárbaro se enfrentaba solo contra todo un ejército y en el momento de la batalla se sentía tan sobrado que hasta tiraba el escudo. Cosquillas con mala intención. Mi novia.

5. Pensamiento positivo.
¡Cuánto daño ha hecho el dichoso pensamiento positivo al ser humano! Al primero que dijo eso de «sé tú mismo» deberían haberlo colgado por los genitales. Y desde entonces, todos sus secuaces nos vienen atormentando con libros de autoayuda que no hacen más que presionarnos a cambio de algunos euros, demasiadas páginas y muy pocas ideas. Jamás en la historia se habían publicado tantos libros con la palabra ‘felicidad’ en el título. Y, paradójicamente, jamás la humanidad ha dado mayores signos de infelicidad. Prefiero creer en la honestidad desinteresada. Prefiero creer en el pensamiento negativo.