woman | El lujo de ser mujer

Foto: Getty

El discurso de Meryl Streep (con mensaje para Trump)

Solo ella podía lanzar tantos mensajes, con tanta elegancia y en tan poco tiempo.

Patricia Rivera| Woman.es

Hace dos años la vimos emocionarse y jalear el discurso que dio Patricia Arquette al recoger su Oscar.

 

via GIPHY

Hoy la homenajeada era ella y tenía la oportunidad de explayarse. Y así lo ha hecho. Meryl Streep no ha desaprocheado la ocasión que los Globos de Oro le brindaban y entre agradecimientos ha lanzado varios mensajes, algunos con un destinatario claro, Donald Trump. 

La encargada de entregarle el premio Cecil B. DeMille Award fue su amiga y compañera Viola Davis, quien no pudo contener la emoción en varios momentos al dirigirse a la actriz. 

 

"Todos aquí pertenecemos a los segmentos más vilipendiados de Estados Unidos en este momento, piénsenlo: Hollywood, los extranjeros y la prensa". Así comenzaban los casi seis minutos de discurso que la actriz había preparado. 

"Hollywood está lleno de extranjeros y foráneos, y si nos quieren echar a todos se van a quedar sin nada que ver más que futbol y artes marciales mixtas que NO son las artes… Me dieron tres segundos para decir esto…", aseguró. 

"La falta de respeto invita a la falta de respeto. La violencia incita a más violencia. Cuando los poderosos usan su posición para abusar de otros, todos perdemos…", insistió la actriz.

 

En ellos no ha faltado desde una petición para la prensa:  "Necesitamos que la prensa con principios le pida cuentas al poder", apuntó la actriz. A un recuerdo a Carrie Fisher, a quien se ha referido como su "querida princesa Leia"  -la gala les ha dedicado a ella y a su madre Debbie Reynolds un emotivo video homenaje-. 

La respuesta de Donald Trump no se hizo esperar (bueno, tardó cuatro horas)

Acusándola de sobrevalorada, el Presidente dejó en puntos suspensivos lo que piensa de ella. ¡En fín!

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Maribel con vestido de transparencias Blumarine. | Andre Varani

Maribel Verdú: 'No tengo hijos, no cocino y no tengo tele. Me quedan los libros'

Es feliz y lo contagia. Una charla con ella es como una sesión de terapia. Nos hemos perdido una gran coach, pero brilla más que nunca como actriz.

Ester Aguado|Woman.es

Aparece como un huracán.  Saludando, con naturalidad y cercanía, a diestro y siniestro –eso sí, no antes de las 11 de la mañana–. Con un look muy sport –y un precioso Amazona, de Loewe–, llena la sala con su presencia. Pero ella es de las que se dejan los papeles en casa. Maribel es, sobre todas las cosas, auténtica. Igual hoy que hace 30 años. Sus más de 70 películas, dos Goyas y un Premio Nacional de Cine (2008) no la han convertido en alguien distinto. Sigue siendo la misma niña que disfrutaba metiéndose en la piel de otros –como en su nueva película 'El faro de las orcas'(16 diciembre), en la que interpreta a una madre con un hijo autista–, alegre y cariñosa. «Por encima de que sea una magnífica actriz –afirma el director de esta cinta, Gerardo Olivares–, Mariquilla (es como él la llama), te hace la vida mucho más fácil. Ella, que trabaja siempre desde la verdad, viene a disfrutar con su trabajo y a que todos los hagamos. Por eso los directores queremos repetir una y otra vez con ella», explica el realizador de 'El faro de las orcas'. Una preciosa historia real sobre Beto, un argentino estudioso de las llamadas ballenas asesinas y su relación con Tristán, un niño autista español, que se abre al mundo al estar en contacto con los animales.

¿El último trabajo es el que llevas más dentro? 

No necesariamente. 'El faro de las orcas' no ha sido mi último trabajo –acabo de rodar con Pablo Berger–, pero sí ha sido uno de los mejores viajes que me he pegado en la vida. En los dos meses que estuve rodando esta película en la Patagonia, me cambió tanto el concepto de vida... Entendí que se puede ser feliz en el fin del mundo y sin necesidad de tantas cosas. Es una peli con alma.

¿Qué necesitarías tú para ser feliz allí perdida? 

Una buena compañía, muchas películas, mi música... he dejado buenísimos amigos en Puerto Pirámides. Pero yo, que soy cero mística, tan pragmática, tan terrenal, tan animal, me sentaba en un banco cada día antes de ir a rodar y admiraba el poder sobrecogedor de la naturaleza, la inmensidad del mar. Y lloraba de felicidad, de la emoción, ante esa naturaleza brutal, casi pornográfica. Todas las tardes, me iba sola a ver atardecer. A veces, se venía el peluquero...

Pero ha tenido que ser una experiencia muy dura, allí en mitad de la nada...

Dicen que la Patagonia es como África, que la primera vez que vas, te enamoras o la detestas. Pero yo necesitaba vivir esa experiencia; mira, para eso sí que soy valiente. Estamos dos días en este mundo, ¡aprovechémoslos!

¿Has aprendido algo de la experiencia?

Que cuando duermo 10 horas, tengo una cara estupenda (risas). Ya en serio, esta película me cambió totalmente: yo siempre había sido una chica de ciudad y, desde que vine de allí, necesito mis momentos de soledad, de tres o cuatro horas, escuchando música o leyendo. También necesito el campo cada vez más; de hecho, quiero irme a vivir a una casita que tenemos Pedro y yo desde hace años en Málaga. A mis 46 años, quiero calidad de vida y dejar atrás el estrés. Nos perdemos mucho.

Maribel, con vestido largo con transparencias y strass Liu·Jo y zapatos Lodi.  | Andre Varani

Después de más 70 trabajos, ¿qué le pides a una película?

Hace poco, mi cuñado, Luis Merlo, me envió un estudio sobre “Las 10 mejores actrices españolas y el por qué de su éxito”. Y a mí me tocó ser la más versátil. ¡Es lo mejor que te puede pasar! Hacer comedias, dramas, de puta, de monja, de yonqui, de aristócrata... Ahora, también estreno “Abracadabra”, en la que hago de una choni del sur de Madrid maltratada. Y estoy en los Teatros del Canal con “Invencible”, dirigida por Veronese, haciendo de una pija de izquierdas panfletaria... y voy a encarnar a una heroína con superpoderes. ¡Es que mola mucho! Intento que no se repitan papeles, que me gusten el director y los compañeros, pero la historia está siempre por encima de mi papel. A lo largo de 30 años, he aprendido que es mejor estar en una peli maravillosa aunque salga poco (risas). 

Dime algún papel con el que te quedarías...

Es imposible. Algunos los llevo aquí, en el corazón.

¿Qué tipo de actriz empezaste siendo y en qué te has convertido a lo largo de los años?

Yo intento trabajar desde la honestidad más absoluta y dar credibilidad a lo que hago. Adoro ponerme en manos del director: quiero que me exprima, pero siempre desde el buen rollo. Yo no soy de las que llegan a un resultado estupendo sufriendo por el camino. Se puede llegar a la meta habiendo sido feliz.

¿Y descargas toda tu energía en el trabajo? Tienes extra...

Siempre tengo las pilas puestas –mira que hoy vengo con sueño, porque ayer estrenamos en Madrid la obra de Veronese–. Pero, de la misma forma, no me cuesta nada desconectar. Yo me meto en mi casa y bajo la intensidad. Esos momentos, dos o tres horas al día leyendo con mi música, son los que me dan vitalidad. Me cargo como un móvil y luego lo doy todo. 

¿La lectura es tan importante en tu vida?

Es lo único que hago: no tengo hijos, no cocino porque no me gusta, no tengo ordenador, no tengo tele (la gente que me conoce sabe que es real; solo la pongo en los hoteles antes de salir a rodar, para saber que no estoy sola en el mundo), odio el ambiente de los gimnasios –viene una entrenadora a casa o bajo al Retiro dos veces por semana para tonificar, además de un día de yoga. Con los años, me voy consumiendo... yo ya me visualizo como Bette Davis, con 90 años, toda pellejo–. Me quedan los libros (como “La isla de Alice”, de Sánchez Arévalo, que me regalaron mis hermanas) y la música.

¿Y dónde queda Pedro en ese planing?

Cuando llega mi chico por la noche, entonces nos ponemos a ver nuestras series. Nos acabamos de enganchar a “Hijos de la anarquía”. ¡Cómo está el protagonista de bueno! Y luego, dos días a la semana voy al cine: el domingo, seguro. Y los lunes, cuando descanso, me meto yo sola en la sesión de las 4 de la tarde. Ese día no como y me atiborro a palomitas. No entiendo el cine sin palomitas. ¡Soy así de friki!

Maribel lleva vestido manga larga Wom&Now y zapatos Pura López.    | Andre Varani

¿Parte de tu crecimiento profesional se debe a tu marido, Pedro Larrañaga?

Ni lo dudes. Cuando le conocí, hacía 5 películas al año, porque lo que quería era salir de mi casa. Pero desde que estamos juntos, hace 17 años, lo que me gusta es disfrutar de la vida con él, junto a él. Escojo cosas en las que creo de verdad. Podría estar trabajando en Estados Unidos y haber ganado mucho dinero, pero no me hubiera merecido la pena. Me he quedado en producto nacional, tengo abierto el mercado suramericano y aún me quedan las giras de teatro.

¿Y qué te da, para seguir a su lado tantos años?

Hay complicidad, hay respeto, hay admiración y solo discutimos por gilipolleces –yo soy súperordenada y él no, imagínate–. Pero nos lo tomamos con humor.

¿No te animas a escribir o a dirigir?

No, es complicado hacerlo bien. Lo que sí haría es un tándem con Antonio de la Torre –con el que protagoniza “Abracadabra”–: yo, a la parte técnica y él, con los actores. A mí me gusta que me dirijan, me gusta ser moldeable, me gusta ser actriz.

¿Cuál es el mayor regalo de ser actriz?

Los directores que te llaman para repetir contigo.

¿Cómo te gustaría que te recordara la gente?

Como una persona disfrutona, auténtica, espontánea, cero engreída, que es lo que transmito –si no, que miren mi instagram @maribelverdu–. Las rarezas, las guardo para los íntimos. Los momentos malos no los comparto.

Portada del libro 'Madres arrepentidas'.  | Foto: D.R.

Madres arrepentidas: ¿Por un instante de placer, tienes que sufrir tantos años?

Con su libro ‘Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales’, la socióloga israelí Orna Donath ha levantado ampollas al darle voz a las mujeres que lamentan haber tenido hijos. 

Paka Díaz | Woman.es

Mujeres que ponen voz a un sentimiento que, a priori, podría rompernos (como hijos) el corazón. Al menos lo haría si piensas en tu madre solamente como eso, TU madre. Pero, ¿y si te pones en su piel como ser humano? ¿Y si tratas de entenderla? Eso es lo que hizo la socióloga israelí Orna Donath y, con los resultados de las entrevistas que realizó a 23 madres, de entre 26 y 73 años, que se arrepienten de serlo nos ha puesto frente a un espejo que no por oscuro deja de ser real.

"¿Por un día de felicidad, por un instante de placer, tienes que sufrir tantos años? Y a veces el sufrimiento no tiene fin, encima. Ahí está, la sensación de sufrimiento interminable. Así pues, ¿qué tiene de bueno?”, se pregunta Erika, madre de cuatro hijos de entre 30 y 40 años y abuela. Por su parte, Charlotte, madre de dos hijos, uno de entre 10 y 15 años y otro de entre 15 y 20 años reconoce que ama a sus hijos pero se arrepiente de haberlos tenido: “No es algo que pueda explicar. Porque si lo lamentara, entonces no querría que estuvieran aquí. Pero yo no querría eso, lo único que no quiero es ser madre". También impacta, y mucho, el testimonio de Sophia, madre de dos hijos pequeños, entre 1 y 5 años: "Soy una buena madre, de veras. Me da vergüenza decirlo. Soy una madre para quien sus hijos son importantes, los quiero, leo libros, recibo asesoramiento profesional, hago todo lo que está en mi mano para educarlos y darles amor y afecto. Los niños me adoran, me quieren. Tienen una vida feliz y placentera. Es absurdo. Porque no quiero tenerlos, en serio, no los quiero a mi lado. (...) Aunque murieran, Dios no lo quiera, seguirían estando conmigo en todo momento. El duelo por ellos, su recuerdo y la pena serían insoportables. Pero perderlos ahora supondría cierto alivio”. Todas ellas son madres arrepentidas.

Hace unos años, la socióloga israelí Orna Donath realizó un estudio sobre mujeres y hombres israelíes que no deseaban tener hijos. Aquella fue la semilla que le hizo plantearse si había mujeres que lamentaban haberlos tenido. Lo convirtió en el tema de su doctorado y hoy es el controvertido libro  ‘Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales’ (Reservoir Books) que se publica en España que llega precedido por la polémica. Solo en Alemania, su publicación desató una oleada de críticas a favor y en contra que se convirtieron en trending topic mundial con los hashtag #regrettingmotherhood o #madresarrepentidas. Muchos se echaban las manos a la cabeza, pero también muchas mujeres salieron de un armario que nadie quiere ver, el de quienes, si volvieran al pasado, decidirían no tener hijos. No se trata de ser malas madres, o de tener o no el llamado instinto maternal, sino de una compleja mezcla de convenciones sociales, de lo que se espera de una mujer y de tratar de cumplir con ello, que, a veces, conduce al arrepentimiento. Este cuestionamiento de la maternidad con declaraciones que sorprenden por su crudeza y su honestidad supone afrontar el que, quizá, sea el mayor tabú al que se enfrenta la mujer: la maternidad.

Orna Donath, autora de 'Madres arrepentidas'.  | Foto: D.R.

A la espera de su publicación en siete países más, Orna Donath -que ha sido tan alabada por destapar un tema tan complejo como oculto y por darle voz a las mujeres, también ha recibido durísimas críticas de quienes la culpan por (sic) estar creando monstruos egoístas-, prosigue dando clases sobre la maternidad y la opción de rechazarla en las más importantes universidades israelíes. Recién llegada a Israel tras presentar su libro en España, responde desde allí a la entrevista para woman.es

Mi madre siempre dice que soy muy afortunada por no tener hijos… ¿Podría ser mi madre una madre arrepentida?

El primer criterio que he usado en mi estudio fue que la definición de arrepentida fuera por parte de la propia mujer. Eso significa que sólo tu madre puede decir si lamenta o no de haber sido madre. Yo jamás lo afirmaría por ella. Se que puede ser duro hablar abiertamente de ello, como también creo que se debe apuntar que ser una madre arrepentida no significa no amar a los hijos como seres humanos. Como las mujeres tienden a pagar un alto precio por su maternidad, puede que se arrepientan de ello -de la maternidad- y anhelen ir al pasado, cuando no eran la mamá de nadie, pero al mismo tiempo se preocupan mucho por sus hijos.

¿De dónde sacaste la idea de hacer el libro ‘Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales’?

Al final de mi primer estudio sobre hombres y mujeres israelíes judíos que no deseaban tener hijos, que se llevó a cabo entre 2003-2007, se me quedó una frase que seguía preocupándome y que suele atormentar sobre todo a las mujeres: ‘Te arrepentirás. Lamentarás no ser madre’. Para mi era duro dejarlo en esa elección dicotómica que arrincona a la mujer ya que utiliza el arrepentimiento como un arma que acorrala a aquellas que no quieren ser madres, mientras que al mismo tiempo cualquier posibilidad de arrepentimiento una vez que te conviertes en madre parece quedar, simplemente, excluida. Como yo estaba segura de que hay mujeres que lamentan de haber sido madres, decidí escribir mi tesis doctoral sobre ello. No quería aprender ‘sólo’ sobre madres arrepentidas, sino estudiar las relaciones entre la sociedad y las emociones, y también el uso político que se hace de ellas. 

¿Fue fácil para las mujeres a las que has entrevistado abrirse ante un tema tan controvertido? ¿Cómo las persuadiste?

No necesité persuadirlas porque he entrevistado a las mujeres que se acercaban a mi y querían hablar sobre ello. Como ya sabían cuál era el tema de mi estudio y querían hablar, no fue duro para ellas. Pero para un número indeterminado de mujeres es muy duro hablar sobre este tema y muchas puede que nunca lleguen a verbalizar su arrepentimiento.

¿Genera rechazo escuchar a una mujer decir que se arrepiente de haber tenido a sus hijos?

Las reacciones ante la maternidad arrepentida tienden a oscilar fundamentalmente entre la negación de la existencia de madres así, al reconocimiento más profundo de ello. Hay personas que dicen que no son verdad, o que es indignante o incluso peligroso hablar de ello. Y luego hay gente en general y mujeres en particular que comprenden la importancia de hablar de ello en relación a su contexto social.

¿Qué testimonios te han impresionado más?

Todos los testimonios de las mujeres que han participado en el estudio me parecen significativos. No me sorprendía lo que decían porque yo asumía que había mujeres que pensaban y sentían de esa manera. Lo único que me ha sorprendido hasta el día de hoy es que la sociedad rechace saber que las madres arrepentidas existen. Es una sorpresa, aunque no del todo real porque ya sabía lo sagrada que es la maternidad para nuestra sociedad.

Mientras estabas haciendo las entrevistas, ¿sentiste rechazo en algún momento?

Por las mujeres no, en ningún momento. Estaba preocupada escuchando lo que me contaban porque imaginaba lo difícil que debe de ser no querer ser madre cuando ya lo eres. Como una de ellas me dijo, es como estar en la cárcel para el resto de tu vida sin posibilidad de libertad condicional. Mi rechazo siempre apunta hacia la sociedad. Es a la sociedad a la que hay que culpar por forzar a las mujeres a convertirse en madres en contra de su voluntad (me refiero a cuando ellas no desean serlo), y es la sociedad la que hace que las mujeres se sientan culpables y avergonzadas debido a esa imagen mítica de la ‘buena madre’, la cual está desconectada de las experiencias de las mujeres de carne y hueso.

¿Crees que tenemos demasiadas ideas preconcebidas sobre la maternidad, más cercanas a un cuento de hadas que a la realidad?

Creo que para muchas mujeres la maternidad es lo mejor que les ha pasado jamás y que aman ser madres, incluso aunque conlleve dificultades. Para ellas, esas nociones románticas son una realidad y no debemos ser cínicos al respecto o pensar que se han abandonado a sí mismas porque consideren ser madres como su identidad principal. Lo que intento decir en el libro es que la maternidad no es un reino sagrado para todas las mujeres y madres. Las mujeres somos distintas unas de otras y por eso no debería de sorprendernos que cada una de nosotras perciba y experimente la maternidad de forma diferente. Otra cosa que se debe tener en cuenta es que la maternidad sirve para fines diversos a las mujeres de los distintos grupos sociales.

Se puede tender a pensar que las madres arrepentidas son ‘malas madres’, pero tu libro demuestra que nada más lejos de la realidad. ¿Cómo son y cómo se sienten?

Si marcamos un estándar rígido para definir lo que significaría ser una ‘buena madre’, es lógico que muchas de las mujeres que han participado en el estudio se sientan malas madres porque están arrepentidas de serlo. En el libro he intentando repensar esos dictados tan rígidos mientras me centraba en cómo las reglas de la sociedad etiquetan a las madres que se arrepienten de serlo como criminales emocionales. Esas etiquetas no se lo ponen fácil a las madres.

¿Crees que les ayudaba verbalizar sus sentimientos, su arrepentimiento?

Muchas de ellas me dijeron que sí. Para muchas era la primera vez que expresaban en voz alta su arrepentimiento y podía suponer un alivio para ellas -aunque fuera a corto plazo- ser capaces de decir exactamente cómo se sentían sin ser juzgadas por ello. Sin el lenguaje, sin las palabras y sin poder nombrar tus sentimientos, las emociones pueden ser como el agua: si las bloqueas, encontraran su camino para brotar y, entonces, provocar una inundación que destruya todo.

Tu decidiste no tener hijos. ¿Te han cuestionado mucho por ello?

Sí, a lo largo de los años he conocido a mucha gente que no podía entender que no quisiera ser madre. Pero para mi tiene sentido que haya mujeres que realmente deseen serlo y otras que no.

¿Crees que la maternidad es el mayor tabú social al que se enfrentan las mujeres?

Sería complicado para mi, y quizá innecesario, medir el peso de los tabúes sociales. Lo que se es que hay muchas mujeres en todo el mundo que sufren por la reacción social que provoca que no quieran ser madres y un número desconocido de mujeres que sufren porque se arrepienten de serlo y no se les permite expresarlo.

¿Te han criticado por escribir sobre este tema?

Sí. Me han acusado de ser un monstruo, de exagerar, de animar a ser egoístas y quejicas o de intentar justificar mi propio rechazo a ser una madre.

¿Cómo crees que podremos realmente liberarnos como mujeres?

La sociedad debería acabar con la idea de que las mujeres no somos las dueñas de nuestros cuerpos, vidas, sueños, pensamientos, emociones y decisiones. Y la sociedad debería abandonar la creencia de que no merece la pena reflexionar sobre las mujeres de grupos sociales oprimidos. Aunque cada vez haya más mujeres trabajando, yendo a las universidades, desarrollando una carrera y ganando más dinero, y decidiendo si desean, o no, casarse o divorciarse, eso no quiere decir que todas las mujeres estemos liberadas. En todo el mundo hay mujeres que sufren y mueren, que experimentan la violencia como parte de su vida cotidiana. Eso está muy lejos de la liberación. 

¿Crees que hay muchas más madres arrepentidas de las que podemos pensar?

Absolutamente sí. No estoy diciendo que la mayoría de las madres se arrepientan y no se cuántas lo hacen, pero sí que pienso que son más de las que queremos saber.

¿Crees que las mujeres israelíes y las españolas tenemos mucho en común?

Es una cuestión difícil de responder porque ni siquiera se si se puede catalogar a las ‘mujeres israelíes’ en una misma categoría, todas somos muy distintas unas de otras. Pero lo que sí puedo afirmar es que la semana pasada, durante la presentación de mi libro en Madrid, conocí a españolas que han experimentado las mismas dificultades que yo como mujeres que no desean ser madres. Ellas también han sido estigmatizadas por ello.

¿Demuestra un gran valor decir en voz alta que te arrepientes de ser madre?

Intento no relacionar las cosas que debemos hacer con la valentía. Quizá sería más adecuado relacionarlo con una necesidad de supervivencia. Si siento que debo decir que no quiero ser madre porque sufriré si lo hago, no soy valiente, más bien estoy intentando no morir en vida.

¿Qué recomiendas para intentar comprender a las madres arrepentidas, incluso si lo es la tuya propia?

Te respondo con una historia: Hace unos años, tras una lectura que di sobre el tema, una estudiante se acercó a mi y me dijo que había entendido porqué su madre se arrepentía de ser madre. La estudiante me dijo que era la primera vez que era capaz de verla como a una mujer en la sociedad que quizá no deseaba ser madre y se había visto empujada a serlo. Me dijo que verla como a un sujeto, como a una mujer y no solo como a su madre, le había permitido sentir empatía hacía ella y no solo ira, culpa y decepción. Comprendo perfectamente porqué las hijas podemos enfadarnos con nuestras madre y sentirnos desilusionadas. Y creo que tenemos derecho a sentirnos así, pero quizá también hay una habitación donde verlas por sí mismas y no solo como nuestras progenitoras. Esto no es una recomendación, porque quién soy yo para dar consejos. Lo único que se hacer es tratar de ver los complejos mapas emocionales en los que nos movemos como seres humanos para intentar aprender algo de ellos como parte de la sociedad. 

Foto: Beatriz Palacios

Beatriz Palacios: "Mis joyas hay que probarlas para entenderlas"

Su firma de joyas, que lleva su nombre, destaca por ser una auténtica creadora de tesoros contemporáneos. ¡Descubre el secreto de su éxito!

Andrea Sicilia | Woman.es

Esta es la historia de Beatriz Palacios, una ingeniera de minas que, luchando por su sueño, ha conseguido convertirse en una de las firmas de joyas españolas más cotizadas del momento.

¿Cuándo surge la firma Beatriz Palacios?

La marca la lancé a finales de 2011. Tenía claro que quería utilizar mi nombre y el desarrollo del proyecto lo llevé a cabo durante meses. Para construir la imagen de la marca conté con la ayuda de mi hermana Lucía, que es ilustradora, y me conoce casi mejor que yo misma y logramos ese logo bonito y atemporal. Además no determina el sexo, ya que no descarto hacer joyas para hombres en un futuro. Mi primera colección se lanzó en diciembre de ese año y posteriormente en enero en París.

Su historia comenzó en Irlanda, ¿qué nos puede contar de sus inicios?

Yo me fui a Irlanda, cuando terminé mi carrera de ingeniería de minas, porque antes de ponerme a trabajar en un empresa quería tener la experiencia de vivir fuera y aprender bien el idioma. En principio me iba para estar allí tres meses, pero conocí a un grupo de amigos irlandés muy interesante relacionado con la arquitectura, la moda y el arte y decidí alargar la estancia. De hecho, a mi marido le conocí en ese círculo.

¿Cómo comenzaron tus primeros proyectos en Dublín?

En ese grupo de amigos que hice se encontraba una estilista llamaba Aisling Farinella, que montó un proyecto titulado ‘The Loft’. En él pretendía agrupar diferentes diseñadores y yo quise formar parte de ese proyecto y, finalmente, tuve la oportunidad. Iba a firmas de antigüedades, compraba piezas y hacía montajes, pero me faltaba la parte de creación desde cero. Por ello, cuando volví a España tenía claro que quería conocer el oficio de manera profesional y empecé a dar clases mientras lo compaginaba con mi trabajo de ingeniera.

¿Viniendo del mundo de la ingeniería, en qué momento decide que su pasión por la joyería se va a convertir en su profesión?

Cuando volví del extranjero comencé y lo compatibilicé con clases por la noche que daba con una joyera. Estuve con ella durante tres años  y ya, en 2011, fue cuando me sentí preparada para crear mi propio proyecto. Yo me di cuenta de que me quería dedicar al mundo de la joyería mucho antes, pero necesitaba formación y capital.

¿Qué seña de identidad caracteriza sus diseños?

Mi principal característica es una estética muy peculiar dentro de la joyería, no son piezas obvias, muchas veces te la tienes que probar para entenderla. Me gusta inventarme nuevas maneras de colocar complementos en el cuerpo. Es muy distintivo la manera en la que están construidas y la mezcla de materiales.

Colección New Eve.  | Foto: D.R.

¿Se siente más identificada con el diseño vintage o con el de piezas contemporáneas?

Lo cierto es que siempre me ha gustado la estética vintage y desde pequeña he utilizado ropa de mi madre combinada con la mía. Me encanta el resultado de las dos mezclas y creo que lo he conseguido con mis diseños, que tienen una aire muy retro pero el acabado final es muy contemporáneo.

¿Qué lugar ocupa la moda en su vida?

Me encanta, pero de alguna manera natural, sin darme cuenta, mi camino me ha llevado a la rama de las manualidades y la joyería. La moda ocupa un lugar también muy privilegiado. Disfruto siguiendo el trabajo de los diseñadores, sus desfiles… Hay algunos de ellos que admiro desde hace tiempo, especialmente irlandeses como Simone Rocha, al que tuve la oportunidad de conocer, y me aficione a su trabajo.

¿Qué joyas luce en su día a día?

Siempre llevo el anillo de pedida que me regalo mi marido. La historia de esta pieza es graciosa, ya que para él era muy difícil regalarme a mi una joya. Entonces, lo que hizo, fue llamar a mis amigas de Irlanda y viajó a Dublín porque me lo quería comprar ahí. Fueron a una tienda de antigüedades y me compró esta joya de los años 30. También llevo mi anillo de casada, que me lo hice yo misma y pertenece a la colección de ‘La Rosaleda’.

¿Qué valor añadido aportan sus colecciones frente a sus competidores?

Una de ellas es la imagen de marca, el estilo de fotografía que utilizamos es muy artístico. Son fotografías más de arte que de moda, siempre trabajo con Lourdes Cabrera, que tiene una gran sensibilidad y nos entendemos a la perfección. Para mí es muy importante la coherencia, que conecte la colección, la modelo y la campaña en general. También la mezcla de materiales y la estética, siempre intento darle movimiento a la piezas, que sean reversibles, que tengan doble uso…

Cuéntenos el proceso y dedicación que supone comenzar con una colección desde cero

Es muy importante que las colecciones tengan una base ya sea histórica o artística en la que me he inspirado. Siempre hay alguna imagen, a lo largo del desarrollo de la línea, que me atrae y empiezo a investigar sobre ella. De manera natural me lleva al sitio al que yo quería ir. Además, me lleva tanto tiempo desarrollar una idea que cuando termino la colección me quedo con ganas de seguir con ella. Por eso, he decidido que cada tema lo voy a desarrollar a lo largo de un año en las dos temporadas, para que así un mismo origen me lleve a las dos colecciones.

Foto: D.R.

¿Cuál ha sido el mayor hito en su carrera hasta la fecha?

Lo mejor ha sido que me compre Harvey Nichols Hong Kong y ser aceptada por todas las ferias de la Semana de la Moda de París.

¿Qué destacan de usted los que mejor la conocen?

Mi sinceridad y que soy muy apasionada cuando me siento muy identificada con algo.

¿Todas sus piezas son diseñadas y fabricadas en España?

Al principio toda la producción la hacía yo. Ahora trabajo con un maestro joyero, con el que llevo tres años y hemos podido asumir más producción. Como hemos seguido creciendo, una parte se hace en taller, las más complicadas, y otras las delego a dos talleres de Madrid. El proveedor es también la base de tu negocio y que la producción siga siendo en España es, sin duda, un valor añadido.

¿Cuál es su principal lema en la vida?

Ser honesta, coherente con tus convicciones, constante, trabajo duro y fidelidad.

¿Qué nuevos objetivos se plantea Beatriz Palacios Joyas?

Uno de ellos es abrirme al mercado americano, seguir aprendido la profesión y innovar con nuevos materiales. Cada colección me pongo objetivos técnicos para conseguir piezas únicas. A largo plazo, me gustaría abrir mi propia tienda y colaborar con grandes diseñadores.