Serge Lutens
Fecha: 12/04/2007Elegante y seductor, Serge Lutens crea esencias de culto. La última, inspirada en su paraíso marroquí, se llama Rousse.
Marraquech ha creado una especie de paraíso mágico de donde extrae sus esencias. Pero es en el exquisito Palais Royal de París donde el alquimista de aromas recibe a WOMAN.
Señor Lutens, ¿nos invita a pasear por su jardín?
Es inmenso, con una bella casa que se está construyendo poco a poco. Cuando lo descubrí, solo había palmeras, pastores con sus cabras, niños jugando... Era casi un paraíso. Empecé a plantar árboles, plan tas y palmeras. El lujo en Marruecos es la sombra, y yo comencé a crear un jardín de sombras, pero un tanto salvaje, con un cierto abandono. Es muy frondoso y tupido... Algo realmente sorprendente, de verdad.
¿Es cierto que todos sus perfumes han tenido una historia antes de hacerse realidad?
Sí, en ellos hay algo muy literario. Se inspiran en historias, en emociones. Autores como Nerval, Baudelaire o incluso Genet, me envían a un imaginario de belleza, a un camino, a una circunstancia... Un perfume está compuesto por moléculas vivas que escapan a la voluntad.
Cuando crea una fragancia, ¿qué espera de ella?
Pues, que despierte el deseo de acariciar, de rozar la piel. Me gustaría crear una materia que invite a la imaginación.
¿Le inspira el ser humano?
Sí, pero no sé exactamente de qué manera. Recuerdo un perfume que me inspiró una mujer. Lo quise hacer con iris gris, como la bruma.
Usted dijo que el pan es uno de los elementos más sensuales del mundo. ¿Lo ha intentado introducir como esencia?
Es cierto que es un olor de gran sensualidad. Sobre todo, el del pan recién hecho. No sé si podría conseguirlo... Pero sí que me gustaría trabajar sobre ello.
¿Es tan exigente como afi rman los que le rodean?
En primer lugar, lo soy conmigo mismo. Creo que soy alguien que está en continuo estado de aprendizaje, día y noche, como una máquina que funciona sin pa-rar. Esta exigencia me lleva a una especie de insatisfacción constante… a una búsqueda de la perfección. Soy exigente porque cuando creo que algo puede hacerse mejor, no permito que se haga menos. No acepto la mediocridad. Por eso me critico de una forma terrible y me exijo. Simbólicamente, defi niría esta exigencia como una escalera por donde se sube y se baja. Bajar es una elección. Yo prefi ero siempre subir, conocer, comprender, aprender.
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