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Susanna Tamaro

Fecha: 24/04/2007 Ester Aguado

Escribió el best seller más vendido del Novecento en Italia y, con sus rentas, se vuelca en ayudar a las mujeres desfavorecidas.

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A quien no conoce aún a Susanna Tamaro, podríamos decirle que es la escritora más famosa de Italia, que su novela Donde el corazón te lleve (Seix Barral, 1994) ha vendido trece millones de ejemplares en todo el mundo y ha sido traducida a 42 lenguas, que conmovió con su trabajo al gran Federico Fellini hasta convertirlo en su mecenas... Pero la mejor carta de presentación de esta mujer de 49 años nacida en Trieste –el día 12 del mes 12, a las 12:12 horas–, son los hechos: la Tamaro emplea todos sus derechos de autor –que en España suponen el 15% de cada libro vendido– en ayudar a los demás. El resto carece de importancia.

 

Hace ahora seis años y medio, Susanna creó la Fundación Tamaro –con sede en Zúrich– con el único objetivo de proteger a sus sobrinos, según explica ella con ironía: «Cuando mi libro se convirtió en un best seller, de la noche a la mañana me encontré con una enorme cantidad de dinero que, en realidad, no necesitaba, porque siempre había vivido con muy poco.» Compró tres casas –una para ella en el campo, su sueño desde niña, otra para su madre y otra para su padre (ambos ya fallecidos)–, arregló un plan de pensiones y el resto, decidió emplearlo en algo útil: «Quiero tanto a mis cuatro sobrinos –hijos de sus dos hermanos, Stefano y Lorenzo–, que no pienso dejarles ni un euro cuando me muera. Es lo mejor que puedo hacer por ellos: salvarlos.» Así es esta italiana: diferente, inclasificable.

 

Susanna parece frágil, pero es fuerte, decidida y perfeccionista. Por sus obras, da la sensación de ser seria y pesimista, pero goza de una ironía y un sentido del humor realmente envidiables. Parece no prestar demasiada atención a su imagen, con un look andrógino y algo desaliñado, pero va vestida con buenas marcas –Puma, Burberry, Avirex, Fila, Hermès–, confiesa ser adicta a las compras y se cuida muchísimo físicamente: a diario practica footing y da clases de kárate, su gran pasión. ¿Algún detalle más que nos coja desprevenidas? Se entrega con fervor a la cocina –deberían probar su Monte Bianco, todo un antidepresivo a base de crema de castaña, nata y bizcocho; Susanna ha colgado la receta en su web: www.susannatamaro.it– y se relaja haciendo ¡punto de cruz!

 

Intensa vida en el campo
Es inquieta, pero no perdona una buena siesta tras dedicar la mañana al huerto de su casa de Orvieto –en Umbría, a una hora de Roma–. Vive rodeada de animales, otra de sus grandes pasiones: seis perros, dos gatos, tres caballos, una burrita y un montón de pájaros, conejos, gallinas y hasta peces –en un jardín japonés– dan sentido a su vida. Junto a la guionista Roberta Mazzoni, su fiel amiga y secretaria desde hace dieciocho años, y a una familia de peruanos que cuidan las seis hectáreas de tierra y una de bosque de su propiedad, aquí vive, «escribiendo lo menos posible. Para eso me reservo los meses más fríos, de diciembre a marzo. Me cuesta estar encerrada –se ha construido en su jardín una pequeña cabaña escondida donde hacerlo, frente a un viejo ordenador–, prefiero montar en bici o viajar por Italia. Me encanta moverme a 90 km/h y descansar en albergues perdidos», dice.

 

¿Cinturón negro de kárate, fiel lectora de la Biblia, productora de televisión, directora de cine, experta en el arte del origami –hacer figuritas de papel–? Esta mujer es imprevisible... «Mi éxito me ha granjeado bastantes envidias. Y he sufrido mucho, porque soy una persona humilde que nunca habla mal de nadie. Algunos de los que consideraba mis amigos empezaron a criticarme en los periódicos, sin tener el valor de decirme las cosas a la cara... Me pareció feo e indigno, pero he apendido a pasar de ello. Quizás el problema radique en que soy una escritora inclasificable, y eso causa perplejidad e incomodidad en los demás. Se me ha tachado de conservadora por ser cristiana, de lesbiana por vivir con una mujer, de reaccionaria por decir que programas como Gran Hermano proyectan un modelo de ser humano degradado, que triunfa sin ningún talento, en el que mucha gente aspira a convertirse... Tengo mucho tiempo para reflexionar y me siento en la responsabilidad de hacer públicas mis conclusiones. Aun a riesgo de que pueda desencadenar iras furibundas », explica la escritora.

 

Esa personalidad reflexiva, a veces casi autista, se transforma cuando está cerca de la gente. Lo comprobamos al acudir al convento de las Hermanas Misionarias, junto a la Basílica de San Pedro, en Roma. Allí fuimos testigos del encuentro de Susanna con las protagonistas del principal proyecto de la Fundación Tamaro: las Becas de estudio para mujeres extranjeras. «Con los años me di cuenta de que, con la inmigración, se produce una terrible pérdida de inteligencia: mujeres que habían estudiado en sus países de origen terminaban con un trabajo mal pagado de camareras. Un despilfarro para su vida y para la sociedad –explica la italiana–. La Fundación ayuda a mujeres de países con dificultades a cursar estudios universitarios o másters en Italia para que, una vez preparadas, si pueden y no es peligroso, regresen a sus países: hay que crear clases dirigentes bien formadas que puedan ayudar a sus pueblos. ¿Por qué solo mujeres? Porque están en desventaja en el Tercer Mundo y –como se ha visto con los microcréditos en Asia– porque son más generosas y responsables y no se lo gastan en bebida. Son las grandes discriminadas del planeta.»

 

Más proyectos solidarios
Doce mujeres que, bajo la entrañable tutela de sor Palmide Gamba, luchan ya por cambiar la realidad de países como Albania, Rumanía, Cabo Verde, China, Camerún, Perú o Colombia –donde, en la ciudad de Medellín, se ha abierto también una escuela y una bolsa de trabajo para ellas–. Pero hasta nueve proyectos más de ayuda promueve la Fundación Tamaro: como el centro de acogida Casa di Marco-Padre Arrupe, que da techo a refugiados políticos con sus familias –hasta 300 personas– y ofrece cursos de formación para facilitar su integración en la sociedad. Carlo Stassolla y su mujer, Jimena, son los encargados de ocuparse, sobre todo, de los niños, que son los que más sufren la situación de sus padres, muchos de ellos desequilibrados después de haber sido sometidos a múltiples torturas y humillaciones. También hay proyectos para ancianos, como el de Musicoterapia para enfermos de Alzheimer de Orvieto... ¿El último? «Estamos trabajando para abrir un centro en Tailandia donde recoger a las niñas que son salvadas de la prostitución y de las drogas. No es mucho, pero estas son las cosas que te cambian la vida.» Tamaro dixit.

 

 

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