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Mujeres en el poder

Fecha: 06/06/2007 LAURA LUCEÑO Y ANA BARRERA

Nosotras o ellos, ¿quién manda mejor? Conforme vamos ocupando –aún con dificultades añadidas– cargos de responsabilidad, descubrimos un nuevo método de liderazgo.

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"Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando." Este dicho se acuñó para hablar del tipo de poder que ejercían los Reyes Católicos. Un liderazgo sin distinción de género que permitía a cada monarca decidir sobre sus respectivos reinos. Hoy el reparto de poder no está tan equilibrado como en el siglo XV, particularmente en lo que a las altas esferas se refi ere. Si no se reforma la Constitución y Felipe y Letizia tienen un varón, ni la infanta Leonor ni la recién llegada Sofía podrán reinar.
Es cierto –y no es un consuelo– que la cultura occidental ha comenzado a reconocer la marginación por razón de género. Por eso en las últimas décadas se han introducido conceptos nuevos como el de la paridad. Los gobiernos europeos incluyen entre sus buenos propósitos la intención de apoyar institucionalmente la igualdad de sexos en todos los ámbitos.
Quién decide
En España, la nueva Ley orgánica 3/2007 del 22 de marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres reconoce «la todavía escasa presencia de las mujeres en puestos de responsabilidad política, social, cultural y económica ». La cosa va cambiando. Una mujer, María Teresa Fernández de la Vega, es vicepresidenta del Gobierno, y tenemos un ejecutivo paritario, algo solo comparable a los de las democracias nórdicas. ¿Pagamos más peaje que los hombres para tocar poder? El mismo Gobierno es ilustrativo: los ministros tienen de tres a cinco hijos; si las miramos a ellas, dos no tienen hijos, cinco tienen un solo vástago, y únicamente una de ellas tiene dos.
La paridad real en los cargos de decisión queda lejos. Los más optimistas auguran que la balanza se equilibrará de forma natural dentro de diez años. De momento, ¿mandamos mejor, peor o igual que ellos? Abrimos el debate. Tom Peters es uno de los grandes gurús de la gerencia empresarial desde la publicación de su trabajo En busca de la excelencia (1982), uno de los libros de negocios más vendidos de la historia. Para Peters, que ha estudiado el tema del género durante los últimos seis años, sí hay diferencias. En su opinión, el liderazgo de la mujer es más interactivo y colaborador. A diferencia de los hombres, nos centramos más en el empowerment (delegación de poder) que en la jerarquía. Entendemos y entablamos relaciones con más facilidad que ellos. Nuevos estudios ponen de manifi esto que las directivas eclipsan a sus colegas masculinos en casi todo lo que se mide. Según Peters, los líderes tradicionales no satisfacen las necesidades de las nuevas empresas. Y las mujeres, que suelen tener altas cotas de talento empresarial, deberían empezar a ejercer el poder de manera distinta al hombre. A su manera.
Ana Romero-Valdespino, psicóloga de Altai, empresa que colabora con organismos públicos, comenta: «Una de las maneras que tenemos los humanos de aprender de lo que nos rodea es por imitación. Sin embargo, las mujeres no tenemos referentes femeninos en puestos directivos, y eso podría explicar el hecho de que la minoría que los alcanza tienda a veces a reproducir modelos masculinos.»
El psicólogo Rodrigo Martínez de Ubago, colaborador de los realities de la productora Zeppelín, cree que «el perfi l del líder encaja mejor con la personalidad típicamente masculina. El hombre suele ser más estable emocionalmente que la mujer, es más introvertido y más psicótico, y esas cualidades le otorgan dotes de mando. Ellas tienden a ser más empáticas, inestables y extravertidas, lo que les hace más difícil tomar decisiones que perjudiquen a terceros».
Además, añade Ana, «somos muy críticas con nosotras mismas y con las demás mujeres, tendemos a vernos como rivales, algo que deberíamos cambiar. También podemos ser más manipuladoras que ellos». La educación no nos lo ha puesto fácil: «No hemos aprendido en nuestra infancia habilidades directivas o de liderazgo, como la asertividad. Nos han enseñado a mediar, a mantener la calma, a emplear la dulzura y la mano izquierda para resolver confl ictos, y nos cuesta mucho decir que no. Esa actitud, fundamental cuando tienes el mando, para ellos no es problema.»

 

 

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