La nueva vida de Bebe
Fecha: 10/05/2007Está en su año musical sabático: dos películas y un inminente viaje le servirán para tomar distancia. Su amiga, la diseñadora Dolores Promesas, la entrevista en exclusiva para WOMAN antes de hacer las maletas.
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Está claro que a Bebe no le gusta nada que le saquen fotos – «me gusta hacerlas a mí»–, así que nos pide que la dejemos sola con el fotógrafo. Me pregunto cómo haría cuando rodó La educación de las hadas con José Luis Cuerda, con la cantidad de personas que trabajan en una película... Pero tampoco le gustan mucho las preguntas que le tocan de cerca. Menos mal que no soy periodista, sino su amiga Dolores –Promesas de segundo– y, como ella es grande y generosa con sus colegas, puedo lanzarme sin red: «Rodar es diferente: estaba interpretando un personaje, al que solo prestas tu cuerpo. Pero en estas fotos sí que soy yo, Bebe, la auténtica, y me pone nerviosa tener a gente mirando.» Como no queremos que se altere, que la chiquilla ya ha tenido lo suyo, le ponemos musiquita de la que le gusta –hay mucha, desde la Martirio o los Chichos hasta el rock de Extremoduro, pasando por el hip hop; todo lo que cae en sus manos lo escucha esta chica.
Bebe, se te ve mucho más animada...
He decidido tomármelo con calma y, poco a poco, voy recuperando mi vida de antes, mi tiempo. Ahora es cuando empiezo a asimilar las cosas; la reacción masiva del principio, cuando salió Pafuera telarañas (EMI), se ha frenado. Fue muy duro...
Es que la gente idolatra mucho y pierde la medida de las cosas...
Si lo hubieras vivido fliparías, a veces daba miedo. A mí me emociona que la peña siga mis canciones; el problema es cuando la gente se cree con derecho a todo porque ha comprado tu disco. A las niñas pequeñas les digo: «Relajaos, que no tiene ninguna importancia que yo os firme un papel, es absurdo. Lo que importa es que escuchéis, que crezcáis, que no os pongáis histéricas por ver a una persona que canta en la radio, que es solo una forma de comunicarse.»
También te habrá ayudado el año sabático que te has tomado, ¿no?
Todo cuenta (risas). Necesitaba despegarme de la música por salud mental, así que me embarqué en mis dos primeras películas (estudió Arte Dramático en la RESAD de Madrid): La educación de las hadas –por la que ha sido candidata a los Goya como Actriz Revelación– y Caótica Ana, que rodaré en agosto con Julio Medem. Además, ahora me voy a India unos meses para romper con todo. Siempre me ha provocado mucha curiosidad conocer otras culturas pero ahora, con el tema de la globalización, resulta difícil encontrar sociedades realmente diferentes.
¿Viajar enriquece mucho tus canciones?
Seguro, porque lo que escribo es lo que soy, lo que pienso, lo que siento, lo que vivo. Si no vivo ni me muevo, entonces no hay nada, estoy vacía. Y eso te hace muy, muy chiquitita.
O sea, que el hecho de cambiar tanto de ciudad cuando eras pequeña... (Nació en Valencia y vivió en Zafra, San Vicente, Mérida y Badajoz).
Me ha dado una visión más real de la vida, me ha puesto los pies en el suelo. Te vuelves una persona más abierta y nómada, te ayuda a ser menos seta. También aprendes a construir antes tu escala de valores y a encontrar un punto de equilibrio, que en mi caso ha sido mi familia; aunque siga teniendo mi espacio de privacidad.
¿Hubieras podido tirar p’alante sin ellos?
No. Ellos son mi pilar. Mis padres y mis cuatro hermanos me mantienen viva, y me miman cuando lo necesito. También mis amigos, que son los justos y necesarios, suponen un enorme apoyo: me cuidan, me respetan y, cuando alguna cosa me cuesta llevarla, saben calmarme.
¿Qué es lo que más te cansa?
Tomar decisiones importantes me agota. Por eso procuro desconectar y escaparme con mi cabecita, buscando mis pequeños ratos de soledad en casa, moviéndome en entornos muy cerrados o yendo a ver a mi familia; no necesito mucho más.
¿Y qué es lo que te hace vivir cada día?
Las pequeñas cosas. Volver a casa, tener mi espacio, coger a mi sobrino en brazos... ¡No sabes la necesidad que tengo de verlo!
¿Y dónde se queda la música?
Es mi vida. Y lo seguirá siendo, tanto si vivo de ella como si no. Me emociono cuando entro en un taxi y ponen una de mis canciones en la radio, o el otro día que, pa- seando por Barcelona, entré en una tienda donde tenían mi disco a todo trapo: «qué lindo», pensé. Esos momentos me siguen tocando y creo que está bien, que no hay que acostumbrarse a eso.
¿Has parado también de componer?
Nunca, es mi forma de expresarme; lo llevo haciendo desde los once años. Voy por la vida cargada con mi libreta y un bolígrafo, porque me inspiro en todo lo que me rodea. A ratos cojo la grabadora y, otras veces, juego con mi guitarra, la renegría... depende del momento.
¿Para cuándo el próximo trabajo?
No quiero pensar en ello ahora. ¿Eres de esas personas que podría enfrentarse a cualquier reto creativo? Me atrevo a bastantes cosas, pero siempre conociendo mis limitaciones. No todo lo sé hacer ni lo hago bien, ni mucho menos. Me encanta dibujar, pero solo para mí, y me divierte currarme cosas con ropa, aunque destrozo más que nada (risas).
Alguna vez lo podríamos hacer juntas (más risas). También te gusta cambiar de estilo según cómo te sientas, ¿no?
Voy cambiando de imagen dependiendo de mi estado de ánimo. No tengo asesora de imagen, yo soy mi propia estilista. Hago como todas las chicas, pregunto a mis amigas si algo me queda bien o mal. Soy muy pintas: en el instituto iba siempre de negro y llevaba el pelo mucho más corto, como un muchachito.
Pero cuando me vine a Madrid tuve una época más seria, con ropa más hecha porque estaba más gordita y me tapaba más. Luego empecé otra vez a despelotarme. Pero a veces voy de señorita y me pongo vestidos y faldas más de tu estilo, Dolores. Me encantan tus diseños.
Muchas gracias, reina. La verdad es que tú ibas guapísima en los Premios Goya...
Llevaba un vestido de Loewe... Lo combiné con mis pulseras de cuero –la de pinchos nunca me la quito– y con mis uñas a medio pintar. Así me sigo sintiendo yo misma; son las marcas de la casa (risas).
¿Aún no tienes tiempo para pintártelas?
Muy poco. Yo soy muy organizada para mis cosas y este último año me tiene aún descolocada. Necesito tiempo para mí y que la gente no me reconozca por la calle. Lo llevo fatal. No es que vaya a morder a nadie, pero me da mucha vergüenza ser el centro de atención en un bar. Cuando no estoy encima de un escenario, que se fijen en mí me incomoda.
Si hubieras fichado por un sello más pequeño, otro gallo hubiera cantado...
Mi trabajo personal no hubiera cambiado, pero el resultado y la repercusión, seguro que sí. Las cosas hubieran ido un poco más despacio...
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